Por qué la salud mental no es 'aparte' en la longevidad
La depresión mayor y el resto de las enfermedades crónicas están vinculadas por una asociación bidireccional. Un paciente con cardiopatía isquémica tiene mayor riesgo de depresión; uno con depresión no tratada tiene mayor riesgo cardiovascular. Esa bidireccionalidad — documentada para IC, ictus, cáncer, demencia, DM2 y dolor crónico — implica que la salud mental no se puede tratar como una pieza separada de la salud física en un programa serio de longevidad.
El meta-análisis de Walker et al. (JAMA Psychiatry 2015) sintetizó 293 estudios y cuantificó: la depresión mayor aumenta la mortalidad por todas las causas con un hazard ratio de 1.71. El estudio cohorte danés nacional Plana-Ripoll et al. (Lancet 2019) demostró que la mortalidad atribuible a trastornos mentales (especialmente la 'mortalidad excesiva' por causas físicas) explica una proporción sustancial de la mortalidad prematura. La depresión está incluida como uno de los 14 factores modificables de riesgo de demencia en la Lancet Commission 2024.
Ignorar la depresión en un protocolo de longevidad es ignorar uno de los predictores más fuertes de mortalidad prematura.