La regulación va más lento que el mercado. El paciente queda en el medio.
La medicina regenerativa avanza globalmente a una velocidad que ningún marco regulatorio nacional logra seguir. Estados Unidos (bajo 21 CFR 1271 y la FD&C Act), la Unión Europea (bajo el marco ATMP), Japón (Ley PMD), Australia (TGA) e Iglesias-López et al. (Front Pharmacol 2019) han documentado la asimetría: la oferta de terapias avanzadas crece más rápido que la capacidad de las agencias para auditarlas. En ese intervalo, el paciente queda en el medio — entre laboratorios serios con GMP documentado y operaciones que prometen "células madre" sin pruebas mínimas de calidad.
Lo que sigue es el consenso internacional traducido a un lenguaje pedible — siete preguntas concretas que cualquier paciente puede formular antes de aceptar un procedimiento. Si una clínica no las responde con documentación objetiva, eso es una respuesta en sí mismo. Marks, Witten y Califf — desde la dirección del CBER de la FDA — lo plantearon en NEJM (2017): "la transparencia sobre evidencia y procesos no es opcional en terapia celular; es la línea de seguridad mínima".
Una de las indicaciones más comúnmente ofrecidas en medicina regenerativa es el dolor articular crónico — y precisamente por eso es uno de los escenarios donde más importa exigir documentación. La decisión de aplicar células madre o exosomas en una articulación debería estar precedida no solo por estos 7 criterios de calidad del producto, sino por una evaluación amplia del contexto biológico del paciente: edad biológica, perfil inflamatorio, composición corporal, perfil hormonal.
"La transparencia sobre evidencia y procesos no es opcional en terapia celular; es la línea de seguridad mínima." — Marks, Witten, Califf · NEJM 2017